Agresión sexual a la presidenta evidencia el machismo endémico de México

Agresión sexual a la presidenta evidencia el machismo endémico de México

Ciudad de México.- Cuando Claudia Sheinbaum fue elegida como la primera mujer presidenta de México, muchos votantes esperaban que ese momento histórico representara el principio del fin de la cultura machista y dominada por los hombres que durante tanto tiempo ha impregnado la sociedad mexicana.

Trece meses después, Sheinbaum fue tocada inapropiadamente en la calle por un ciudadano, un duro recordatorio de que —a pesar de sus esfuerzos— México aún tiene mucho camino por recorrer en sus intentos de garantizar la igualdad y la seguridad de las mujeres.

Cuánto queda por hacer es ahora objeto de una conversación nacional —iniciada por la agresión del martes— sobre el acoso, el abuso y la violencia a los que todavía se enfrentan las mujeres en México. En internet, en la televisión y en sus hogares, las mujeres expresaron esta semana su indignación porque ni siquiera la presidenta estaba a salvo, y su resignación a que nada cambie.

La propia Sheinbaum dijo el miércoles lo que muchas se preguntaban: “Si esto le hacen a la presidenta, ¿pues qué va a pasar con todas las jóvenes mujeres en nuestro país?”

Para muchas mujeres de México, el crimen contra la presidenta, durante el cual un hombre intentó besarla y le puso las manos en el pecho, fue un triste hecho de la vida. México tiene una larga historia de machismo, una cultura que enseña a los hombres que tienen derecho a controlar a las mujeres, según activistas y mujeres políticas mexicanas, así como un sistema de normas que refuerzan la desigualdad y la violencia.

Mujeres que marchaban en el Día Internacional de la Mujer protestaron contra el machismo y la violencia de género frente al Palacio Nacional de Ciudad de México en 2022

Esta semana, en las calles de Ciudad de México, muchas mujeres recordaban rápidamente incidentes personales aterradores: hombres que las seguían por la calle o que las manoseaban en un tren lleno de personas. Muchas dijeron que no creían poder contar con la policía para perseguir esos casos, sin importar si el acoso sexual era un delito punible o no.

En la capital, donde el acoso y los abusos sexuales son delitos, muchas mujeres dijeron que la policía solo presentaría una denuncia si la víctima conocía el nombre de su agresor. En general, acudir a las autoridades se considera una pérdida de tiempo, dijeron; aunque se presente una denuncia, es poco probable que dé lugar a una investigación completa o a una detención, como ocurrió en el caso de la presidenta Sheinbaum.

Esto es así en todo México, dijeron. “No había nadie que me defendiera”, dijo Ivett Jijón, de 27 años, al relatar que un hombre le metió la mano en la blusa en una parada de autobús de Cuernavaca cuando ella tenía 18 años. “Sentí miedo, me sentí impotente. Me molestó que no pude hacer nada”.

Sheinbaum llegó al cargo con la promesa de hacer que el país fuera más seguro y más igualitario para las mujeres. A principios de este año, dijo que su movimiento político era “el único” que podía mejorar los derechos de las mujeres en México. Y desde el punto de vista político, ha hecho claros progresos.

Creó un nuevo programa de pensiones para las mujeres. Consiguió que el Congreso aprobara una reforma que ahora hace inconstitucional pagar a las mujeres menos que a los hombres. Y su gobierno ha empezado a diseñar un ambicioso sistema nacional para cuidar de los niños, los adultos mayores y las personas con discapacidad, con la intención de aliviar la carga de las mujeres que desempeñan funciones de cuidadoras.

Un vagón exclusivo para mujeres del Metrobús en Ciudad de México el jueves

También obligó a todas las instituciones de seguridad y justicia a reconocer que el género puede ser un factor en un delito. Y exigió que todos los estados cuenten con una fiscalía especializada en los llamados feminicidios, que México define como asesinatos en los que las autoridades pueden demostrar que una mujer fue asesinada por su género.

“No más violencia contra las mujeres”, dijo Sheinbaum en marzo. “Ni un feminicidio más, ni un golpe más, ni un trato ni palabra violenta más contra las mujeres mexicanas”.

El jueves, en respuesta a su agresión, Sheinbaum dio a conocer una nueva iniciativa nacional contra el abuso sexual. El plan incluye un impulso para que el abuso sexual sea un delito penal o punible en todos los estados de México, educación para los fiscales y jueces sobre delitos contra las mujeres, una nueva campaña pública para animar a las mujeres a denunciar los abusos sexuales y un proceso simplificado para hacerlo.

Pero cambiar la dinámica social en México ha sido todo un reto, según muestran los datos.

Aunque las mujeres mexicanas siguen siendo asesinadas en porcentajes superiores a la media mundial, los feminicidios, tal como los definen las autoridades mexicanas, están en camino de alcanzar este año su nivel más bajo en tres años, con 513 denuncias hasta septiembre.

Sin embargo, la violencia no letal contra las mujeres apenas ha tenido cambios. En septiembre se produjeron 45.500 llamadas de emergencia por violencia doméstica, una cifra casi idéntica a la del año anterior. Y los delitos denunciados contra las mujeres descendieron solo un 2 por ciento en septiembre respecto al año anterior, hasta 23.100 denuncias.

Sheinbaum ha creado un nuevo programa de pensiones para mujeres y ha conseguido que el Congreso cambie la Constitución para garantizar la igualdad salarial

Parte del problema, sugieren los datos, es que muchos de los delitos quedan impunes.

En los nueve primeros meses de este año, las autoridades informaron de casi 219.000 llamadas de emergencia por violencia contra las mujeres. Pero en ese mismo periodo, solo se abrieron unas 5000 investigaciones formales por violencia de género.

Esa diferencia de 44 a 1 refleja una realidad más amplia en el país. El año pasado, el 93 por ciento de los delitos no se denunciaron o no se investigaron, según una encuesta nacional. Entre las razones por las que las mujeres mexicanas dijeron que no denuncian los delitos: consideran que es una pérdida de tiempo, desconfían de las autoridades y tienen miedo de sus agresores.

“Queremos fortalecer todo el aparato de justicia, que yo sostengo, no está a la altura de las mujeres”, dijo en una entrevista Citlalli Hernández Mora, a quien Sheinbaum nombró secretaria de las Mujeres de México. Pero, agregó, eso no hará mella en el problema si la sociedad mexicana no rechaza el acoso sexual.

“Aunque mejoremos la atención, aunque haya más denuncia”, dijo Hernández Mora, “la mejor manera de vincularnos con la prevención y de avanzar hacia la erradicación es que haya un cambio cultural”.

Para muchos, que la presidenta de la nación haya sido manoseada a plena luz del día es una prueba de que México está lejos del cambio que Sheinbaum desea.

“Aún sea la mujer más poderosa del país, está sujeta a ser objeto sexual y a esta agresión sexual”, dijo Mónica Tapia, experta en política social que dirige un grupo que forma a mujeres para el liderazgo político en México. “Un ciudadano, sin ningún respeto de la investidura presidencial ni de nada, la ve como una mujer a la que hay que tocar y desafiar”.

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