Juli Poggio responde con firmeza a Santiago del Moro por acusaciones de favoritismo en *Gran Hermano*
La polémica en torno a *Gran Hermano Generación Dorada* no da tregua. A solo días del estreno del reality en Telefe, las declaraciones de Julieta Poggio —quien insinuó que hubo “acomodos” en la selección de participantes— encendieron el debate y obligaron a Santiago del Moro a salir al cruce para aclarar el proceso. Este viernes, la propia Poggio decidió matizar sus palabras, aunque sin retractarse del todo, en un intento por apaciguar las aguas revueltas que ella misma agitó.
En una conversación privada con el conductor, la participante reconoció que su hermana, Lolo Poggio, sí fue invitada directamente al programa, pero aclaró que el resto de los concursantes pasaron por un filtro riguroso. “La verdad es que ella sí se hizo casting”, admitió Juli, aunque con un matiz: “Claramente no van a poner a alguien que no conocen”. Con estas palabras, buscó desactivar la idea de que los participantes fueron elegidos al azar o por favores, un tema que, según ella, la audiencia suele exagerar. “A mí también me decían lo mismo cuando entré, pero obviamente hubo un montón de charlas previas, consejos, momentos de crisis y de felicidad”, explicó, como si el proceso de selección fuera una suerte de terapia grupal antes de cruzar la puerta de la casa más famosa de la televisión argentina.
Del Moro, por su parte, había sido contundente al defender la transparencia del casting. En sus declaraciones, detalló que todos los participantes llegaron al programa por una de tres vías: porque fueron convocados para un casting cerrado, porque se presentaron a una convocatoria abierta o porque se inscribieron a través de la página oficial. “Estaba toda la posibilidad al alcance de la mano”, subrayó, dejando en claro que el proceso fue accesible para cualquiera. Incluso mencionó casos concretos: Andrea del Boca y Yanina Zilli ingresaron tras postularse como cualquier otro aspirante, mientras que solo Lolo Poggio y Divina Gloria recibieron una invitación directa.
El intercambio entre Poggio y el conductor no solo sirvió para desmentir rumores de “arreglos” en la selección, sino también para recordar que el reglamento del programa fue comunicado con claridad desde el principio. Ambos coincidieron en que, más allá de las especulaciones, lo importante era mantener el foco en la competencia, que ya había dado sus primeros coletazos con la conformación de la primera placa de nominados. La votación, marcada por la tensión, dejó en evidencia las dinámicas internas de la casa, donde los egos y las alianzas comenzaron a chocar desde el primer día.
El episodio, sin embargo, no opacó otros momentos clave de la semana. La salida temporal de Daniela De Lucía, por ejemplo, generó revuelo entre los seguidores del programa, quienes especularon con posibles conflictos internos. Mientras tanto, los participantes restantes siguen adaptándose a un entorno donde cada palabra, gesto o mirada puede ser interpretado como una estrategia para sobrevivir a las nominaciones.
Lo cierto es que, más allá de las polémicas, *Gran Hermano* sigue siendo un reflejo de la sociedad: un espacio donde conviven la espontaneidad y el cálculo, la autenticidad y el juego de roles. Y aunque Juli Poggio intentó suavizar sus dichos, el debate sobre la transparencia en los realities está lejos de cerrarse. Al fin y al cabo, en un formato donde lo único seguro es la incertidumbre, las sospechas siempre encuentran terreno fértil para crecer.
