Sismos leves sorprenden a la capital: ¿qué provocó los temblores nocturnos?
El suelo de la Ciudad de México volvió a temblar este martes, aunque esta vez con movimientos tan sutiles que muchos habitantes ni siquiera los percibieron. Tres microsismos sacudieron la capital en un lapso de dos horas, confirmando una vez más la actividad sísmica recurrente en la zona, aunque sin consecuencias graves hasta el momento.
El primero de los eventos ocurrió a las 18:50 horas, con una magnitud de 1.6 en la escala de Richter. Su epicentro se localizó en la alcaldía Iztapalapa, a tan solo tres kilómetros de profundidad, lo que explica por qué pudo sentirse con mayor intensidad en zonas cercanas. Apenas un minuto después, un segundo movimiento —aún más leve— se registró en la misma área, aunque los datos oficiales no precisaron su magnitud ni profundidad.
La secuencia continuó cerca de dos horas más tarde, cuando a las 20:50 horas un tercer microsismo, de magnitud 2.2, se originó en la alcaldía Benito Juárez. Este último, con un epicentro a solo un kilómetro de profundidad, fue el más fuerte de los tres, aunque su impacto se limitó a sacudidas breves y localizadas. Testigos en redes sociales reportaron haber sentido un “jalón” o un “golpe seco”, típico de estos fenómenos de baja intensidad.
Hasta el momento, las autoridades capitalinas no han reportado daños materiales ni afectaciones en infraestructura como consecuencia de los movimientos. Tampoco se han registrado llamadas de emergencia relacionadas con personas lesionadas o estructuras en riesgo. Sin embargo, el Servicio Sismológico Nacional mantiene un monitoreo constante, especialmente en una ciudad donde la memoria colectiva aún guarda el recuerdo de sismos más devastadores.
Estos microsismos, aunque frecuentes en la región, suelen pasar desapercibidos para la mayoría de la población. Su origen está ligado a las fallas geológicas locales, que se activan periódicamente sin generar mayor alarma. No obstante, expertos insisten en que su estudio es clave para entender el comportamiento del subsuelo y mejorar los sistemas de alerta temprana.
Mientras tanto, la vida en la ciudad continuó con normalidad. En calles, oficinas y hogares, pocos fueron los que notaron los temblores, y quienes lo hicieron los atribuyeron a camiones pesados o vibraciones cotidianas. La calma, al menos por ahora, sigue reinando en la capital, aunque la tierra bajo ella nunca deja de moverse.
